PRÓLOGO
Después de bastantes años recorriendo el Macizo Central, otros tantos en Picos de Europa y varias excursiones por la Cordillera Ibérica, tenía una asignatura pendiente con los Pirineos. Era algo evidente y, unas veces por la distancia, otras precisamente por el desconocimiento, siempre aplazaba los Pirineos para más adelante. A finales de los 80, en una conversación con mi amigo Celestino, me comentó que había una senda que unía el Cantábrico con el Mediterráneo cruzando los Pirineos. Después, siempre fui recordando esa conversación hasta que un día en la Tienda Verde de Madrid, especializada en libros, guías, planos, etc., husmeando los diferentes libros, me topé con una guía especial del GR 11. Me llamó la atención por su presentación, tapas duras, anillas, mapas y hojas muy bien organizadas y muy descriptivas, además de que el precio me pareció barato. Una vez la guía en mi poder, comenzó ese proceso de estudio, organización, análisis, etc. que cada vez me apasionaba más. Las etapas, los desniveles, el grado de dificultad, lugares de pernocta, avituallamiento, etc. estudio de los planos y mapas, señalizaciones, cada día me resultaba más interesante.
Pero el desconocimiento de los Pirineos era lo que más me preocupaba, el abordar una aventura con tantos riesgos y en solitario me asustaba. Era un reto personal ya asumido y tenía que planificarlo todo muy bien. Decidí que la dirección sería Oeste-Este, por tanto el comienzo sería en el Cabo Higuer, de tal forma que las etapas iniciales no entrañaban una dificultad especial, por ser alturas moderadas. Una vez todos los datos en mi poder, la mayor preocupación era la señalización de la senda, tenía mis dudas de que la balización fuera correcta y el mantenimiento de las señales se hiciera con regularidad. En todo caso había que lanzarse a la aventura con todas las consecuencias y la verdad que dicha preocupación, la señalización, salvo en el País Vasco y Navarra, que fue algo deficiente, en el resto nada que objetar. Como preparación para abordar las etapas que cruzaban las zonas más altas y más escarpadas en el Pirineo Aragonés, participé en alguna excursión organizada por el Grupo de Montaña de Sabiñánigo y así perder el miedo que sentía, sobre todo por el desconocimiento de la zona. Esto me permitió un primer contacto con las alturas de 3.000 mts. y la confirmación sobre el terreno de lo que ya tenía estudiado en los planos y mapas. Así en el otoño del año 94 abordé la primera parte de la Aventura de la Senda Pirenaica GR 11, no siendo muy afortunada por el clima y la señalización, pero compensadas éstas dificultades por lo hermoso del paisaje en dicha época del año. Un año más tarde y por las mismas fechas volví de nuevo a la Senda, ésta vez con un clima mucho más agradable y una considerable mejoría en la señalización, además ya comenzaba a tomar contacto con alturas superiores a los 2.000 mts. A finales de mayo del 96 y acompañado en esta ocasión por mi querido amigo Celestino, recorrimos la última parte del GR 11, desde el Ripollés hasta el Cabo de Creus.
Seleccioné dicho tramo para compartirlo
con mi amigo porque no tenía grandes desniveles y el grado de
dificultad era moderado, no faltó el chapuzón en las cristalinas
aguas de la Costa Brava. A continuación, en Julio del mismo año
96 y en otro periodo de 5 días, tomé contacto con el Pirineo
de Lérida y Andorra, destacando
las tormentas que a diario descargaban a cualquier hora del día. Recuerdo con cierta emoción la
entrada en territorio de Andorra, a las 7 de la
mañana y a una
altura de 2.900 mts. en un espectacular circo y amaneciendo sobre un
horizonte de cumbres interminable, también el regalo que me hizo
el cajero automático de un Banco en Andorra.
En septiembre del mismo año regresé de nuevo a Andorra a
continuar la Senda, siendo recibido, o más bien despedido, pues cruzaría la
frontera de nuevo para penetrar en el Pirineo Catalán,
por una tormenta de nieve y frío que me pilló por sorpresa. Ya
en Julio del 97 decido concluir la Senda y abordar la parte más
agreste y complicada, la zona central del Pirineo Aragonés.
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